Comunicación al servicio de la verdad

El tema de la paz, en el espíritu de las Bienaventuranzas, debe ser prioritario para los profesionales de la comunicación. Así lo expresó León XIV al recibirlos en audiencia en el Aula Pablo VI del Vaticano el año pasado, cuatro días después de su elección, confirmando la urgencia que, para él, reflexiona sobre el papel y la tarea de la información y sobre el desafío que los acontecimientos de este período histórico plantean a quienes la trabajan. El Papa invitó a los periodistas a fijarse como objetivo “servir a la verdad” como un bien común.

Se trata de “impulsar una comunicación diferente”, explicó el Pontífice, que no busca el consenso a toda costa, no se disfraza de palabras agresivas, no adopta el modelo de la competencia, nunca separa la búsqueda de la verdad del amor con el que debemos buscarla humildemente. El compromiso esbozado por el Papa fue claro y directo tanto en su contenido como en forma sumamente respetuosa y sin críticas hacia los presentes. Al mismo tiempo, resultó ser un verdadero compendio de ética profesional inspirado en el Evangelio, digno de meditación. De hecho, durante mucho tiempo, y más evidentemente desde el estallido de la guerra en Ucrania, hemos presenciado con impotencia, en muchos casos, el vaciamiento de los significados tradicionalmente atribuidos a la Palabra de paz.

Los retos del periodismo en un mundo cambiante

La tentación es caer en una simplificación de la realidad al encontrar supuestas circunstancias atenuantes en la era de la automatización, la hiperconexión y el dominio de lo tecnológicamente controlado. En este contexto, la verdadera tarea (la responsabilidad) del periodista —y, en última instancia, de todos aquellos que se dedican a la comunicación, pero también a la educación y la formación— debería ser ayudar al usuario/lector/ciudadano a comprender, con un enfoque crítico y sistémico, la complejidad e imprevisibilidad del mundo, hoy configurado como una aldea global, pero de un mundo global, una realidad que alberga infinitas experiencias, culturas e identidades. Según el Papa, solo esta “visión” puede desactivar esos mecanismos de simplificación y sus riesgos cuando se aplican.

El objetivo del periodismo debe ser servir a la verdad como un bien común

Además, el condicionamiento impuesto por la prensa partidista, o a veces influenciado por la lógica comercial, a menudo oscurece la verdad de los hechos. Al respecto, el papa Prevost expresó una reflexión constructiva, inspirada en una sana lectura de los llamados signos de los tiempos: “Vivimos tiempos difíciles de navegar y de narrar, que representan un desafío para todos nosotros y del que no debemos escapar. Al contrario, exigen que cada uno de nosotros, en nuestros diversos roles y servicios, nunca ceda a la mediocridad”. La Iglesia debe aceptar el desafío de los tiempos y, del mismo modo, no puede haber comunicación ni periodismo al margen del tiempo y de la historia. Como nos recuerda san Agustín, quien dijo: “Vivamos bien y los tiempos serán buenos”. Nosotros somos los tiempos.

Lejos de cualquier retórica, es evidente que debemos ir más allá de los iconos tradicionales del pasado, como, por ejemplo, los del periodismo de guerra, aún rodeados de un aura de romanticismo. Que quede claro, el famoso Ryszard Kapuściński (a quien el escritor conoció en África) tenía razón cuando afirmó: “No puedo explicar cómo se muere en el frente estando sentado en un hotel, lejos de la batalla. ¿Qué sé yo de estar en un asedio, cómo se desarrolla la lucha, qué armas tienen los soldados, qué ropa usan, qué comen y qué sienten?”.

Pero este es precisamente el punto: hoy, con mucha frecuencia, son los periodistas de guerra, los serios, quienes, paradójicamente, pierden la propiedad exclusiva de las noticias, en el sentido de que la mediación periodística ya no tiene el poder absoluto de informar; más bien, es solo una mediación posible. Si antes la actividad del periodista consistía principalmente en seleccionar noticias, ahora principalmente se centra en hacerlas más visibles y virales, y en cómo marginar las noticias falsas. Y aquí entran en juego la crisis de credibilidad, los cambios en las formas de consumir información y, sobre todo, la inteligencia artificial. En su discurso, León XIV también abordó esta nueva frontera, su “inmenso potencial” que requiere “responsabilidad y discernimiento” para que realmente beneficie a toda la humanidad.

Hacia una comunicación desarmada

Por tanto, si por una parte necesitamos un periodismo que, informando, eduque en la verificación, en la elección de las fuentes y en las preguntas pertinentes, por otra parte tenemos el sacrosanto deber de «promover», dice León XIV, “una comunicación capaz de ayudarnos a salir de la «Torre de Babel» en la que a veces nos encontramos, de la confusión de lenguajes sin amor, a menudo ideológicos o sesgados, y que, en cambio, promueva la cultura, la dignidad humana, la justicia y la capacidad de escucha”.

Vivimos tiempos difíciles de narrar, que exigen no ceder a la mediocridad

Repitiendo la invitación de su predecesor, el papa Francisco, contenida en su último Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2025, León XIV reiteró sin vacilar: “Desarmemos la comunicación de todo prejuicio, resentimiento, fanatismo y odio; purifiquémosla de la agresión. No se necesita una comunicación estruendosa y contundente, sino una comunicación capaz de escuchar, de recoger las voces de los débiles y de los que no tienen voz. Desarmemos las palabras y ayudaremos a desarmar la Tierra”. Que quede claro: “Una comunicación desarmada y desarmante —remarcó León XIV— nos permite compartir una visión diferente del mundo y actuar de manera coherente con nuestra dignidad humana”. Y por eso, concluyó, debemos “elegir consciente y valientemente el camino de una comunicación de paz”.